EL SEÑORIO
Y EL CONDADO DE TORENO
El último Conde de Toreno, falleció en Madrid a los setenta y cuatro años, victima de una fibrosis pulmonar. Don Francisco de Queipo de Llano y Acuña Alvarez de las Asturias Bohórquez y Gómez de la Torre, conde de TORENO y Grande de España. Había nacido en Madrid en 1927 y era oficial de Caballería y licenciado en Ciencias Políticas.
Fue presidente de la Cruz Roja Española al frente de la cual realizó una espléndida labor y aparte de numerosas iniciativas benéficas y asistenciales fundó la Cruz Roja del Mar; La Cruz Roja de Asuntos Sociales; La Cruz Roja de la Juventud; el Servicio Militar en la Cruz Roja, y Socorro y Emergencia en carretera. Creó también los puestos de socorro en carretera que tanta ayuda ha prestado a los automovilistas.
El Conde Toreno fue gobernador civil de Palencia y Navarra y estaba en posesión de numerosas condecoraciones españolas y extranjeras, entre ellas, la Gran Cruz del Mérito Civil, la Gran Cruz de la Orden Imperial del Yugo y las Flechas y de la Cruz Roja Mexicana, Medalla de Oro de la Juventud y Gran Placa de Honor y Mérito de la Cruz Roja Española; en el momento de su muerte presidía la Real Gran Peña de Madrid.
De carácter afable, era un hombre íntegro en todos los aspectos, con carisma y profundamente religioso. Gran deportista, destacaba por su afición a la equitación y era también un gran nadador. Esposo y padre modelo, su pérdida supone un doloroso golpe para todos los que le conocieron, en particular para su esposa, doña Cristina Fernández de Villavicencio y Osorio y condesa viuda de Toreno; sus hijos, Borja, Lorenzo y Kira Queipo de Llano y Fernández de Villavicencio.
Su entierro y funeral tuvo lugar el 28 de Febrero de 2002 en la Iglesia de San Francisco de Borja de los padres Paúles de Madrid.
(Conferencia de D. Francisco González González con motivo de recibir del Excmo. Ayto. de Toreno de la Picota de Plata en 2002)
EL SEÑORIO Y EL CONDADO DE TORENO
AGRADECIMIENTO
No es bien nacido quien no es agradecido. Lo decían mis padres, que lo aprendieron aquí, en Toreno. Y yo soy de esa escuela. Un galardón como el que ahora me otorgan la villa y sus pueblos, personificados en sus autoridades y vecinos presentes, bien se hace acreedor de un reconocimiento público. Y yo lo hago poniendo sobre la mesa todo mi pobre corazón desnudo y satisfecho. Al alcalde y a la corporación municipal, que representan a los otorgantes, y a mí buen amigo Paco Vuelta, alma mater de esta campaña de honores, quien me tiene tanto cariño que cuando me duele una muela en Zaragoza, el dice ¡ay! aquí, en Toreno, a todos ellos, sí, y a vosotros, sencillamente, gracias. Gracias en este momento en que no sé quién está más entusiasmado: si vosotros que dais o yo que recibo.
Y, como es tradición y obligación de buen paisano devolver favores y cada uno lo hace como mejor sabe y puede, yo, que no tengo más armas que la palabra y los buenos propósitos, quiero hacerlo ofreciéndoos ambas durante los cuarenta minutos que va a durar esta mi revisión divulgadora, pues no habrá citas archivístícas ni bibliográficas, y sólo las fechas y nombres imprescindibles de las vicisitudes históricas de la villa, desde sus primeros tiempos hasta la evolución y tránsito al señorío y al condado. Esto bastará y hasta acaso sobrará, por ahora, porque estoy trabajando con gran empeño en un voluminoso libro sobre la historia de la villa y los pueblos de su jurisdicción: Matarrosa, Librán, Tombrio, etc., con el que espero llenar un vacío en el conocimiento de nuestro pasado, para que nos ayude a comprender mejor el presente y a enfrentar el futuro con la experiencia de lo vivido. Porque el hombre no debe tropezar dos veces en la misma piedra, y porque tampoco es exclusivamente boca a alimentar, sino también espíritu a satisfacer. Y la Historia sabe hacerlo.
Es cierto. Del recuerdo también se vive, aunque muchos no lo crean. A veces, el relato de un cuento al lado de la lumbre nos gusta y vale tanto como un buen botillo, porque aquél nos hace soñar y no pide nada, mientras que éste -divino veneno- nos da a veces dolor de estómago y nos pide bicarbonato Por esto, digo, quiero ofreceros esa obra en curso, que, si Dios y el ayuntamiento me ayudan -y estoy seguro que los dos lo harán-, verá la luz en el presente año. No dejaré en ella títere con cabeza sobre nuestro pasado: hablaré del señorío de Pardamaza, de términos jurisdiccionales, de la iglesia y de sus cinco ermitas, de las fuentes y el puente, de padrones y vecinos, de nombres y apellidos de sus gentes, -los Vuelta, los Buitrón, los Velasco, los Colinas, los Rubial..., de los que habrá muchos, de las ordenanzas que regulaban y detallaban la vida campesina -la vendimia, los rebaños, las veceras, de las costumbres -Carnavales, filandones, enterramientos, comidas, vestidos...-, etc, etc. Estoy dedicando a este libro de 8 a 10 horas diarias, con sábados y domingos incluidos, y estoy seguro que os va a gustar. Llevará mapas, fotograbas, dibujos interpretativos del Toreno de hace 400 años, y una gran abundancia de notas mías explicando los textos literales que en él se incluyen y que lo garantizan, procedentes de los más diversos archivos nacionales, provinciales, municipales, locales y concejales de Pardamaza, Pradilla., Tombrío..., eclesiásticos y privados. Y, por supuesto, ofrecerá una exhaustiva bibliografía, imposible de resumir aquí. Aunque no se crea, la obra sintetizará más de 50 años de recopilación y estudio, y muchos miles de horas de trabajo justo es que tanto esfuerzo no se pierda y que Toreno lo recoja y disfrute, porque para él lo hice. No habrá en el Bierzo, que yo sepa, una obra tan documentada y amplia sobre la historia de un pueblo Ni siquiera las otras mías que la precedieron.
Y termino esta breve introducción de agradecimiento, con una pequeña lágrima para nuestras cosas irremediablemente perdidas (los portales, las ermitas...), con una mirada de cariño para las que todavía prevalecen (la iglesia., la fuente de los caños, la picota, que hoy se adentra un poco más en mí), y, como algo personal y nostálgico, con un recuerdo reivindicativo para aquel desaparecido y centenario tamarindo o “áltamariz" de frente a esta Casa de la Cultura, que hizo mis delicias de chaval cuando trepaba por él, y que me gustaría ver un día replantado y revivido en algún retoño de su misma especie y en su mismo lugar: aquí, frente a esta casa. Que así sea.
Primeros tiempos
De la temprana y oscura edad prehistórica de Toreno y su tierra, transcurrida entre la sombra de los tiempos y la ausencia de documentación escrita, nada o casi nada podemos asegurar. Sí conocemos hallazgos periféricos de cerámica y hachas que confirman la existencia de una incipiente vida, al menos cincunvecina: hachas neolíticas de Corbón, Cabañas Raras, Candín, Paradasolana, Molinaseca y otras varias en las terrazas aluviales de Ponferrada. Es de presumir que también en Toreno, en las fragosidades de Librán y Pardamaza y en otras zonas propicias para el refugio, el pastoreo, la caza y la pesca, hubiera algún corpúsculo habitado. Habría que comprobarlo.
Las pinturas recién descubiertas en Librán y en San Pedro avalan ya la posterior presencia humana en la Edad del Bronce. La aparición de urnas cinerarias en la viña del Llano del Castro, cavadas por mis abuelos en los años '20 -esas famosas "ollas llenas de polvo de oro" que pregonaba la pobre y fogosa cultura popular- y el hallazgo de un hacha de talón, de molinos barquiformes y de cerámica torneada en el Castro, confirman la culturización celta de la zona en el segundo período de la Edad del Hierro.
Y llega el ciclo histórico. Concluidas las Guerras Cántabras por el emperador Augusto, en el año 19 antes de Cristo, y comenzada la romanización del NO. peninsular en el siglo I que sigue, la vida de los castros indígenas -siempre situados en alto por razón de defensa, y casi siempre próximos a los ríos, por motivos de pesca y subsistencia- va desapareciendo, obligados su habitantes por los vencedores a bajar al llano. Algunos de estos recintos poblacionales, cuando su importancia estratégica, como en Toreno, lo requería -lo mismo que otros, junto a las explotaciones auríferas que Roma iniciaba-, sobrevivieron, comunicándose entre sí por antiguas vías o "traviesas". Toreno cobra entonces gran relevancia como nudo de comunicaciones, pues de él parten -o en él concluyen, o en él se cruzan, según se mire- cuatro caminos que agotan la rosa de los vientos:
1) Al Este, el que abre la "traviesa" que da nombre y enlaza los castros de Villar, Berciego, los ¡8! de Noceda, los ¡3! de San Justo de Cabanillas, el de Cabanillas, etc.
2) Al Norte, el que asciende por el hermético y alto Sil hacia los castros de Páramo y Laciana.
3) Al Sur, el que comunica con los castros del arroyo de Valdeflor y de Santa Marina, desde donde torcerá luego al Este, rumbo a tierras de Bembibre.
4) El del Suroeste, que abrirá puertas a los castros de Finolledo, San Andrés de Montejos, Columbrianos y Ponferrada.
Y, por fin, el del Noroeste, que tendrá por hitos los dos de Tombrio de Abajo y de Arriba, y que se aproximará a los de Langre y San Miguel, abriendo camino por Berlanga hacia Vega. Este último se bifurcará en Tombrio de Abajo hacia Fresnedo, en una ancha calzada de la que quedan todavía vestigios.
Después, el silencio. El historiador que roza el oscuro pozo inculturado de los siglos V al VII de la Alta Edad Media está deseando salir de él, porque no tiene agua dónde beber. Es un período cubierto por un tupido velo, como los mismos pueblos bárbaros que hubieron de vivirlo y soportarlo. Pasemos, por tanto, página, hasta llegar, por lo menos, al...
Señorío de los Vuelta (714-916)
...probable señorío de los Vuelta, entre los años 714 y 916. Porque del 714 tenemos ya noticias, que hemos de leer con equidistancia entre la historia y la leyenda, de un hecho que pudo haber sucedido en tomo al puente de Toreno. Escuchadlo con atención. Era cuando el caudillo moro Tariq intentaba subir con sus mesnadas, Sil arriba, hacia tierras asturianas. Según refieren fuentes antiguas que hallé en los restos de un pergamino en Cangas de Narcea y en un antiguo "Becerro de Castilla», la refriega cristiano-mora transcurrió así:
Era don Lope González señor de la villa, que vivía en una torre o castillo. Un día, de madrugada, antes de amanecer, salió con sus deudos hasta una puente que había cerca de su casa. Y llegaron repentinamente los moros, con tanto alarido que los cristianas desampararon la puente, corriendo a la torre. Entonces, el señor de ella, que había quedado solo, levantó la espada con gran ánimo y esfuerzo, tomándose contra los enemigos y diciendo a grandes voces: “¡ Vuelta, vuelta...!” Y, de vergüenza, los suyos volvieron y defendieron la puente, por donde los moros no pudieron pasar ni entrar. Y ganaron la jornada. Así, desde entonces, el valiente señor pasó a llamarse don Lope González Buelta, el Bueno, derivando de él todos los Buelta que en Toreno y por el mundo existen. Su escudo de armas, publicado por mí muchas veces, estaba en la lacianiega Casa de las Rozas, donde lo dibujé, y en otros varios lugares. Terminé viéndolo arrinconado en una carbonera de Cangas, lugar en el que acaso continúe.
De esto podríamos deducir que, a partir de este momento, el señorío de Toreno, tal vez hasta entonces del rey o de nadie, pasó a manos de los Buelta. Pero, de haber sido así, ¿hasta cuándo? Esta posesión señorial por los Vuelta pudo haber llegado hasta que la villa pasó a pertenecer al...
Señorío del monasterio de Santa Leocadia (916-1118)
...señorío del monasterio de Santa Leocadia, entre el 916 y el 1118. La Historia ya empieza a escribirse y a conocerse desde que en el año 916 san Genadio restaura y dota el monasterio de Santa Leocadia, apellidado de Castañeda, el cual Valentín y Moisés habían fundado con doce compañeros a mediados del siglo IX. Por estas fechas, los dos barrios de Toreno y Torenillo gozaban de una cierta independencia, como deducimos de que en el 992, el rey Bermudo II refuerza la vida económica del monasterio dándole los bienes que dicho rey tenía en Torenillo, para ampliar su magnanimidad en el 997, regalando al obispo don Jimeno la villa de Toreno, por los buenos servicios que éste le había prestado y por el obsequio que le había hecho de un azor, un galgo y un podenco.
Santa Leocadia administraba Toreno desde el priorato de san Juan que en él tenía establecido, en tomo a la actual iglesia. Y, por si algo quedara de la villa que el monasterio aún no tuviera, los nobles Jimeno Velaz y Munio Rodríguez lo enriquecen con bienes suyos en 998. y en 1033. Más tarde, en 1054 será en cambio el poderoso y rico berciano Munio Jiménez quién pretenda apropiarse del monasterio de san Juan, con todas sus heredades, en la villa llamada Toreno, contra el que tendrá que luchar el obispo astorgano para obligarle a desistir, postrándolo a sus pies en súplica de perdón.
Del 1073 es el último abad conocido, Pelayo, lo que nos deja entrever una decadencia irremediable. Y, como del árbol caído todos hacen leña, en 1078, otro magnate berciano, Munio Muñiz, que dominó la vida en el Bierzo durante la segunda mitad del siglo XI y que era dueño del castillo toreniense de san Esteban y, además, juez de la tierra, pretendió la usurpación del derecho jurisdiccional del paraje de Castillo Formoso, saliendo hacia la Central Hidroelectrica de Santa Marina, donde este baluarte defensivo se asentaba, abriendo pleito contra el obispo Osmundo, que lo consideraba perteneciente al monasterio de Santa Leocadia. "Duro" golpe tuvo que ser para el rey Alfonso VI la solución del conflicto a favor del prelado, al tener que fijar los límites territoriales de entre el señorío laico de Munio, que miraba a Valdelaloba, y el eclesiástico de Osmundo, que caía hacia la parte de Toreno, haciéndole bajar por el arroyo Cayo (Rudicayo) hasta el río Sil, para dejar el castillo de Munio en tierras de Santa Leocadia. (Y digo "duro" porque, desde unos años antes, el monarca había tomado por amante a Jimena Muñiz, hija de dicho Munio y de su mujer Velasquita. De dichos soberano y de su concubina nacerían nada menos que Teresa de Portugal, regente de este Reino, y la también berciana Elvira o Geloira, señora de Ribera, avecindada en el roquero castillo de Peña Velosa, junto a Odollo. La real amante doña Jimena sería enterrada en el monasterio de San Andrés de Espinareda, cuyas paredes exhibían su lápida sepulcral). El baluarte de Castillo Formoso, que no debía tener muchos años de vida, sospecho que siguió con una supervivencia lánguida, hasta ser abandonado y desaparecer, probablemente allá por el siglo XIII.
Aunque legalmente “desfecho el entuerto” de la territorialidad del castillo, esta intromisión laical de Munio en terreno eclesiástico, por una parte, y la falta de abades, por otra, denotan a las claras la decadencia monacal de Santa Leocadia. En el 1085, los mismos dos protagonistas, Alfonso VI y Osmundo, sancionan juntos que Toreno por entero, con sus hombres y heredades, excepto una corte en san Andrés, pertenecen a la Iglesia astorgana, que era tanto como decir que el monasterio de Santa Leocadia seguía disfrutando con pleno derecho de nuestra villa y su tierra. Esta "corte" o casas de san Andrés debía referirse, con toda probabilidad, al pequeño villorio, de no más de 6 u 8 casas, que se arracimaría en las proximidades del castillo de san Esteban, y cuya antigua existencia prevalece hoy doblemente recordada en los topónimos menores de "El Barrio" y de "San Andrés", en la soleada ladera occidental de la Gándara, junto al que se levantaron sucesivamente dos ermitas dedicadas a san Andrés.
No hallo más datos confirmatorios de la pertenencia y posesión de la villa por parte del monasterio de Santa Leocadia, que, desde este año 1085 y a pesar de su aparente recuperación económica, llevaría una vida agonizante durante los siguientes treinta años.
Señorío eclesiástico de Astorga, administrado por los arcedianos de Ríbas del Sil (1118-1583)
Y entramos en el señorío eclesiástico de Astorga, administrado por los arcedianos de Ribas del Sil, entre 1118 y 1583. Sospecho y deduzco, al mismo tiempo, que fue hacia el año 1118 cuando la abadía de Santa Leocadia desapareció, subsistiendo únicamente su iglesia secular, que seguirá mencionándose documentalmente muchos años después. Viene a confirmarlo el hecho de que, en este dicho año, los bienes monacales son administrados ya por don Pelayo, arcediano de Ribas del Sil en la Iglesia de Astorga, que era su tenente, y en 1138 lo continuaría rigiendo otro arcediano, Jimeno Eriz, quien a final del mismo sería nombrado obispo de la diócesis. Como caso insólito, al año siguiente, y todavía en el de 1141, cuando el prelado muere, el cenobio, o lo que de él quedaba, era administrado por una mujer, María Jiménez, madre del prelado difunto. La presencia de administradores directos de Astorga indican que no había abad al frente del monasterio, sencillamente, porque tampoco había en él vida monacal, al menos plena.
En medio de tal decadencia, el priorato de san Juan de Toreno y su villa, dependientes de Santa Leocadia, estaban también en manos de los arcedianos de Ribas del Sil, con sus breves pero fértiles huertas adjuntas regadas por la Fuente de los Caños, -motivo principal de su establecimiento en aquel paraje- y con las otras posesiones que tenía en la villa y zonas limítrofes. La iglesia, conservando la advocación de san Juan Bautista, pasaría a la jurisdicción secular astorgana y el pequeño convento priora¡, a casa del presbítero que la regía.
Los documentos que he recogido, amparando a Astorga en la posesión de Toreno, abundan desde entonces. Y no los cito, para evitar aburridas explicaciones. Sólo resumiré, por vía informativa, que entre 1155 y 1420, entre Alfonso VII el Emperador y Juan II, hubo otros siete monarcas que otorgaron protección a las posesiones que Astorga tenía en Santa Leocadia y Toreno. E incluso conocemos un breve apostólico de 1162, dado por el papa Alejandro IIl, por el que confirma a Astorga la posesión de Santa Leocadia y Toreno.
Es interesante el amparo que en 1170 procura el rey Fernando II a los bienes astorganos en Santa Leocadia, porque relaciona los que le pertenecen en sus lugares de Toronello (Torenillo), Nuvellano (Librán), Verceo (Bericiego), Masso (San Pedro Mallo), Villamartín, Víllaríno (Alinos) y Langro (Langre). Tampoco aquí se menciona su monasterio, sino sólo su iglesia, lo que confirma que aquél había desaparecido.
El castillo de san Esteban, que hace un siglo estaba en manos del poderoso y noble don Munio o Nuño, lo tenia ahora, en 1177, García Fernández, probablemente descendiente de aquél, quien no parece haberse entremetido en la vida de Toreno, dependiente en plenitud de la autoridad eclesiástica del obispo.
Sin embargo, no era exclusiva esta tenencia y propiedad astorganas de la villa, pues había otras personas que, sin disfrutar de su señorío, devengaban también en ella rentas e intereses, como los Quiñones adelantados de León y merinos de Asturias, que, en su calidad de señores de Ribas del Sil de Arriba y de Abajo, -cuya demarcación territorial terminaba en Páramo-, cobraban en Toreno 40 maravedíes por derechos de yantar, esto es, para satisfacer el pago consuetudinario de comida cuando visitaban la villa. Así ocurría con Pedro Suarez de Quiñones, en 1391.
(Oferta del señorío real -29 mayo 1582-)
Hubo un curiosa oferta de señorío real, el 29 mayo 1582, que a punto estuvo de haber cambiado el porvenir de la villa. Y es que en este día Toreno pudo haber pasado a señorío de realengo, como Ponferrada, cuando el juez Francisco de Guzmán, en nombre del monarca, ofreció esta oportunidad a sus vecinos, antes de que la comprara su siguiente señor, dándoles un plazo de cuatro meses para decidirlo. El documento decía:
Si quisieren redimirse de la venta e posesión que estaba dada al señor Antonio Vázquez Buelta, por el tanto del verdadero balor e precio en que a él se le a vendido, e quedar metidos e yncorporados en la Corona real destos reinos..., enbíen persona con su poder bastante a la Corte de su magestad..., dentro de quatro meses, que corren y se qüentan dende oy..., que allí se les mandará dar e despachar previllegio de la dicha esención e yncorporación.
Pero Toreno rechazó la oferta, por falta de medios con qué pagar.
Señorío de Antonio Vázquez Buelta (1583-1600)
Llega ahora señorío de Antonio Vázquez Buelta, que se prolongará desde 1583 hasta, aproximadamente, el 1600. En agosto de 1581, amparado en una bula de Gregorio XIII que autorizaba al rey la segregación de bienes de la Iglesia, siempre que se destinaran a la lucha contra el infiel, Felipe II manda a su juez, Francisco de Guzmán, que averigüe las rentas que proporcionan al arcedianato de Ribas del Sil los habitantes de Toreno y lugares de su jurisdicción y que los tome para la Corona. Guzmán estima las rentas pagadas por los 207 vecinos de la tierra en 3.720.292 mrs.
• En 1582, desde Lisboa, el rey ordena segregar Toreno y sus pueblos de dicho arcedianato y entregárselo a Antonio Vázquez Buelta, a quien se los había vendido en la anterior cifra de casi 3 millones de mrs. (3 "cuentos", como entonces se decía).
• El juez Guzmán convoca al pueblo en la plaza, en tomo a la Picota, a son de campana tañida. Y, tras leer la carta del rey que le manda tomar posesión de la villa y su tierra como corregidor suyo, va visitando los lugares más simbólicos y representativos e incorporándolos a la Corona. Los documentos detallan las fórmulas de posesión que va efectuando dicho juez, pisando y tocando las cosas poseídas, al tradicional modo germánico, siempre en nombre del rey y en presencia del pueblo como testigo. Son tan curiosas que bien merecen una transcripción literal:
Y así manifestó que tomaba y tomó la posesión atual corporal de la dicha plaza e de la picota que en ella estaba, en voz y en nonbre de las demás calles e caminos e montes e prados e ríos, dende la foja del monte fasta la piedra del río. Luego hace lo mismo con la carnicería pública, la taberna, y la fuente de la dicha villa, que está labrada en piedra, con tres caños de agua que salen delta e caen en el pilar (sic). Toma después posesión del río Sil y de la puente de piedra que está en él, cosa que simboliza paseándose sobre su arco. Luego, salieron por la calle que da al camino que ba desta villa al lugar de Tonbrío. Y de allí atrabesaron a dar adonde estaba la forca de afuera, que está encima de la cuesta que llaman Barredos. Y estando al pie de dicha forca, el dicho señor juez dijo que daba e dio la posesión de la a Pedro Buelta, que presente estaba, e le entregó un cuchillo, en voz y en nonbre de las demás insinias de justicia. Y el dicho Pedro Buelta recibió el dicho cuchillo e, aprehendiendo la posesión dél y de la dícha forca e demás ínsinias de justicia que el dicho señor juez le daba, dio un golpe con el dicho cuchillo en la dicha forca. Y lo pidió ansí por testimonio.
Concluido el requisito de la posesión, el juez y corregidor real traspasa la villa a Pedro Buelta, en nombre de su primo Antonio Vázquez, su comprador. Después, va con testigos a visitar términos y tomar lugares, terminando la ceremonia con la entrega al comprador de una carta real de amparo.
• El 31 de mayo del siguiente año de 1583, el rey firma la carta de venta definitiva a favor de Antonio, que se convierte así en señor legítimo de la villa.
• ¿Hasta cuándo duró este señorío? Mis indagaciones sobre ello y sobre la muerte de su propietario han resultado hasta ahora infructuosas. Aventurar un año en tomo al 1600 no resultaría muy equivocado.
Como pinceladas biográficas de este señor de la villa podríamos decir que su padre, Santos Vázquez Buelta, había sido natural de Toreno y marchado a Astorga para trabajar en casa del obispo. Su madre, Catalina de Quirós, asturiana, era una criada que servía en su casa. Siendo ambos solteros, nace Antonio, quien estudiará Leyes y se trasladará a la Corte, donde ejercerá de banquero prestamista y cambista, amasando la gran fortuna que le permitirá comprar, además de Toreno y Tombrio, otros dos pueblos más: Grajanejos, en Madrid, y Rejas, en Guadalajara. Fue también miembro de la Inquisición.
Señorío de Jerónimo Vázquez Buelta (1600-1606)
A Antonio siguió su hijo, Jerónimo Vázquez Buelta, que debió disfrutar del señorío en el período 1600-1606. Tengo aquí una pequeña laguna documental que espero poder llenar algún día. Lo gozó poco tiempo y con signos de precariedad económica. Vivía aún en diciembre del 1606.
Señorío de los Velasco (1606-1608)
Hay una "extraña aparición" de ciertos Velascos, como señores de Toreno y Tombrio, en 1608, que tampoco he podido desentrañar. Se trata de una oscura y breve época del señorío. Sin embargo está claro, por un documento de escribanía del 3 de julio de 1608, que eran señores de las villas de Toreno y Tombrio de Abaxo y su tierra Gregorio de Velasco y Pedro de Velasco, quienes otorgan poder a Bartolomé Pérez para que en su nombre cobre las rentas de sus villas y lugares. Y llamo al principio "extraña aparición" a la de este señorío porque veremos que Jerónimo, quien sin duda lo disfrutaba en 1606, no lo enajena hasta 1613 al capitán Merás. ¿Cómo pudieron tenerlo entonces los Velascos en 1608? Algún día se sabrá.
Señorío del capitán Sancho de Merás (1613)
Y comienza el intrigante y casi fabuloso señorío del capitán Sancho de Merás.
• En 1613, este hombre, de origen asturiano y vecino de Sevilla, compra Toreno y Tombrio a Jerónimo Vázquez, en 16.000 ducados. Sancho se había casado tres años antes con Clara Bernaldo de Quirós. Pero he ahí que, en aquel mismo año de 1613, se descubren a dicho capitán, en la Casa de Contratación de Sevilla, 36 cajas de plata que había traído de América y que no habían pagado el «quinto» de su valor en las aduanas. Como consecuencia del fraude, el rey embarga inmediatamente todos los bienes de Sancho, entre ellos las villas de Toreno y Tombrio y sus lugares, incorporándolos a la Corona. De manera que, de facto, dichas villas apenas estuvieron un año en su poder, porque el tiempo que siguió fue de pleitos y especulaciones. Nunca se supo en realidad si estaba muerto, o si permanecía fugado y en rebeldía.
(Como dato biográfico curioso diré que este capitán Sancho, procedente de Merás, un lugar del concejo asturiano del concejo de Valdés, probablemente llevaba sangre castrense y marinera de su abuelo Sancho García de Merás, marido de Aldonza Martínez de la Plaza de Tineo, quien era hermana y heredera del célebre Garci Fernández de la Plaza, valiente capitán de Carlos V, que en 1518, tras la victoria de Tremecén por el marqués de Comares, gobernador de Carlos V en Orán, había luchado cuerpo a cuerpo con el terrible corsario Harug, el primogénito de los famosos Barbarroja, cuando huía en busca de refuerzos, rindiéndole en un corral de ganado y luchando con él cuerpo a cuerpo hasta arrojarlo al suelo y, cortarle la cabeza, junto a otros cuatro moros capitanes, cuyas cinco testas se incorporaron a su escudo, con el privilegio imperial de poder usar también el sobrenombre de Barbarroja).
Señorío transitorio de la Corona (1613-1615)
Nos adentramos ahora en una breve etapa de señorío real transitorio, desde 1613 a 1615, en que la villa pasa a manos de la Corona, por una orden cursada por la Casa de Contratación para embargar los bienes del capitán Merás, acusado de robo, como atrás hemos visto, a la Hacienda pública. Dicho capitán, con tanta riqueza fraudulenta acumulada en sus negocios por las rutas marítimas americanas, había ido comprando muchas propiedades en Toreno y Tombrio de Abajo, villas de las que ostentaba el señorío.
Señorío de Clara [Queipo de Llano y] Bernaldo de Quirós (1615-1630)
En el período 1615-1630 hemos de considerar a Clara [Queipo de Llano y] Bernaldo de Quirós, mujer del desaparecido capitán Merás, como poseedora del señorío. Y es que, aunque el embargo de las villas sigue de jure en manos de la Corona, el también capitán Suero Queipo de Llano, hermano de Clara, lo ha puesto de facto en manos de ésta, al llevar ocultamente por y para ella las villas embargadas. Por tal razón era Clara quien seguía usando de los bienes y título de señora de las villas de Toreno y Tombrio, por disposición testamentaria de su ausente marido.
(Pretensión del señorío por Esdenco de Colobrat, barón de Bohemia -1630-1631)
Hay un paréntesis, no llenado, en 1630-1631, en que a punto estuvo de caer Toreno en manos de otro personaje casi tan insólito y original como el capitán Merás. Se trata de Esdenco de Colobrat, barón de Bohemia, en torno a Praga, quien, alegando las ayudas económicas que su padre, Wolfang de Colobrat, condestable de Bohemia, había hecho al archiduque Fernando I de Austria, emperador germánico hermano de nuestro Carlos I, prestándole dinero sin interés para sus guerras contrarreformistas de la Europa Central, ahora, en pago de tales favores, reclamaba para sí el derecho a la compra de Toreno, villa que sabía embargada por la Corona. Y argumentaba:
• 1°. Que la villa estaba libre de dueños particulares, porque hera del capitán Sancho de Merás, a quien abrá 17 años se confiscaron los bienes por delitos que cometió contra su real servicio en la carrera de Indias, y desde ese tiempo no se sabe de dicho capitán, antes se tiene nueba de que es muerto.
• 2°. Que la solicitaba respondiendo al ofrecimiento del rey, quien le había prometido lugares y jurisdicciones para premiar la ayuda prestada por su padre a la Corona española.
• 3°. Que le pedía por ello Toreno, que tenía 130 vecinos, más sus lugares de Librán, San Pedro de Mallo, Santa Leocadia y el Barrio de Langre, que entre todos tendrían otros 70 vecinos, más la villa de Tombrio de Abajo, que tenía otros 44. Y añadía que Toreno era una jurisdicción de 1 legua de largo por 2½ de contorno, y que valía sólo 12.000 ducados, es decir, 4.500.000 mrs., porque los vecinos tienen los pastos comunes con el señor, y ansi es muy tenua (pequeña) la renta que le queda. (iMenos le había pagado Antonio Vázquez Vuelta, que sólo entregó al rey 3.720.000!).
Señorío de Álvaro Queipo de Llano: señor (1630-1657) y conde (1657-1662)
El señorío de don Álvaro Queipo de Llano, entre 1630 y 1657, tuvo serios altibajos. En 1630 muere Clara. Ausente el rebelde capitán Merás, su marido, y como el matrimonio no había tenido hijos, aquélla había nombrado heredero de sus derechos señoriales a su hermano don Álvaro, quien se presenta en la villa el mismo día de la muerte de Clara para administrar sus bienes, que ella había entregado en testamento a dicho hermano, convirtiéndolo de hecho en señor de la villa.
Al año siguiente, la actividad recaudadora y compradora de don Álvaro en Toreno es febril. En 1638 ya tiene por juez de la villa y su tierra a Juan Buitrón, el primero de los Buitrones, quienes ya no abandonarán la administración condal hasta los recientes tío Cayo y su hijo Honorio Buitrón, a los que todos conocimos, y cuyos hijos todavía viven y tal vez me están escuchando. La obsesión compradora del futuro conde, sigue acumulando fincas a troche y moche. Al mismo tiempo, hace foros y concede préstamos.
• La imposición de obligaciones con que amarraba a sus deudores eran leoninas. Solía redactarlas así:
En la villa de Toreno, a tantos y tantos, etc., ante mí, escrivano y testigos, se obligó con su persona y bienes muebles rraices, abidos y por aber, Fulano de Tal, para dar y pagar, y que dará y pagará llanamente y sin pleito ni desqüento alguno, a su señoría, don Albaro Queypo de Llano y Baldés, señor desta billa y de las de Tonbrio de Abaxo y sus jurisdicciones..., tantos reales de buen dinero usual y corriente, etc., pena de execución y costas de la cobrança, etc.
Nada escapaba a la garantía del cobro. Todo quedaba atado y bien atado. Si el dinero no se devolvía, se perdían los bienes. Las arcas y hacienda señoriales se iban llenado más y más, de cara a un condado que se veía en puertas. Don Alvaro iba haciendo grandes fincas, comprando y uniendo otras más reducidas. Sobre todo prados, los más requeridos, escasos y valiosos. Como los de la Brimera y de la Matanza, éste sobre Alinos, que después convertiría de secano en regadío, contratando a dos hombres de Cangas de Narcea para hacer una presa desde el Pozo del Tesoro, junto a la Fuente del Tagarro, en Matarrosa, hasta una peña redonda que había en las proximidades del Escandal y las Fornias. Le costaría la broma 3.000 reales para pagar a los cien peones que alternativamente trabajaron en ella, hasta poner el ramo y darle su bendición, en 1657.
Don Alvaro era hijo del capitán Suero Queipo de Llano y Valdés y de Isabel Bernaldo de Quirós, dama de gran alcurnia («Después de Dios, la Casa de Quirós»). A lo largo de sus 63 años de vida acumuló muchos títulos y fortuna. Era dueño del bosque de Muniellos, el hoy enorme parque natural de Somiedo e Ibias, el más salvaje y apartado de España, que en el pasado siglo uno de sus sucesores vendería a un francés en un millón de reales.
En las cuentas que en diciembre de 1655 le rinde su administrador Juan Buitrón, deduce de sus cobros los 500 reales que había pagado por hacer el escudo de él y su señora, Ana Mauricia de Lugo, escudo que todavía sigue hoy en la torre-palacio de la villa, aunque decapitado. Las escrituras de mayo de 1657 siguen llamándole señor de las villas de Toreno y de Tombrio de Abajo, mientras que en una visita de términos entre Cubillos y Toreno, del 28 de octubre del mismo año, se le llama ya vizconde de Matarrosa, culminado su carrera nobiliaria con una Real Orden de 12 de diciembre de 1657, como conde de Toreno.
El condado de los Queipo de Llano (1657-2002)
• El condado de los Queipo de Llano lleva, desde 1657 a hoy, tres largos siglos y medio de andadura. Don Alvaro lo disfrutó hasta 1662, año de su muerte. Le seguirían otros diez condes, que no es posible estudiar en una intervención tan corta como ésta Hubo, en total, 2 Alvaros, 3 Fernandos, 1 Joaquín, 2 Josés y 3 Franciscos. Desde 1838, disfrutan todos de la Grandeza de España, que, sin señorío territorial ya, les fue otorgada por la reina gobernadora doña María Cristina de Nápoles. Muchos de ellos pasaron sin pena ni gloria. Otros, como les que siguen, fueron figuran memorables.
• Al 2° conde, don Fernando, se le debe la elaboración de las Ordenanzas de Toreno, de 1664, por las que conocemos a fondo la vida rural de la villa -complementada con aspectos de la vida religiosa y social que los libros de la iglesia nos proporcionan-, y que irán recogidas y comentadas ampliamente en el libro que estoy preparando sobre Toreno, que espero vea la luz en el presente año, para satisfacer los deseos del ayuntamiento y la corporación, y de los demás pueblos de nuestra tierra.
• El 4° conde, también Fernando, tuvo una vida muy influyente en Ponferrada, donde en 1724 era alcaide mayor de su castillo y cárcel, teniendo reservada en esta última -donde hoy se abre el Museo del Bierzo- una vivienda a la que algunos, erróneamente, llaman "su palacio”.
• El 5° conde, don Joaquín, fue Académico honorario de la Real de Historia y publicó dos libros, en 1779 y 1781 sobre los minerales de León y Asturias, incluyendo algunos del Bierzo.
• El 7°, don José María, fue un punto y aparte, y sin duda alguna el más sobresaliente de todos. Abruman sus cargos y títulos. Basta con mirar cualquier diccionario. Fue Gentilhombre de Cámara de S.M., Miembro de las Reales Academias de la Historia y de San Fernando, Miembro del Consejo de Estado, Ministro de Hacienda, Presidente del Consejo de Ministros... Ilustrado y liberal, formó parte destacada de las Cortes de Cádiz y, regresado de su exilio en París, presidió las Cortes extraordinarias de 1920. Designado Presidente de Gobierno en 1835, inició tímidos ataques a las propiedades eclesiásticas, que su ministro de Hacienda, Mendizábal, por él designado, se encargaría de llevar hasta las últimas consecuencias, aunque con una ineficaz solución de los recursos económicos y el mayor de los desastres culturales en edificios, archivos y bibliotecas. Don José María fue orador y escritor célebre, al que no perdono, sin embargo, que en los cinco voluminosos tomos de su profunda y valiosa Historia del levantamiento, guerra y revolución de España no dedicara más que un pequeño párrafo a la participación de Toreno, de su Toreno, en la Guerra de la Independencia, donde había un destacamento, -en la Casa de la tía Carmen, saliendo hacia Tombrio-, que colaboró en la conquista del castillo de Villafranca, ocupado por los franceses. Con don José María termina, en realidad, el señorío de los condes. Y no se entendería la paradoja de que fuera precisamente él quien tirase piedras contra su tejado y sus derechos, si no se conociera su talante liberal, un tanto desprendido y ecuánime. Y es que fueron las Cortes de Cádiz, en las que don José María tuvo voz autorizada, las que promulgaron en 1811 el decreto de supresión de señoríos jurisdiccionales y monopolios tributarios señoriales, decreto que ratificaría Fernando VII en 1814. Y, aunque contra toda providencia los señores siguieron cobrando sus tributos en la tierra durante veinte años más, al fin, en 1837, se dictó la ley abolicionista definitiva y los señoríos pasaron a la Historia.