De la estancia de los romanos podemos apreciar, el puente sobre el Sil, y el nombre de algún lugar que da fe de aquellas extracciones auríferas. “El prado el Louro”, debajo del ya desaparecido paso a nivel del ferrocarril y la llanura de El Lobo.
Mas tarde llegaron los bárbaros y todo fue de mal en peor. En esta época todo esto deja de dar señales de vida, es tiempo de puro aletargamiento de costumbres y empresas, hasta que en el siglo VII con el influjo de la “Regla Communis” de San Fructuoso, despierta el Bierzo desde su epicentro de los valles de Compludo, y vuelve a renacer la vida en estas tierras.
La repoblación medieval e inicia en el siglo IX, con la labor roturada emprendida por diversos monasterios, como los de Santa Leocadia de Casteñeda, fundado por los monjes Valentín y Moisés a mediados de este siglo y reconstruido por San Genadio a comienzos del X; San Juan de Toreno, erigido a finales del X por Jimeno Velaz, y cedido al anterior.
La donación por Fernando II, en 1170, del monasterio de Santa Leocadia a la iglesia de Astorga abre un proceso de feudalización, que continuará con la cesión en 1396, a Pedro Suárez de Quiros, de los territorios de Ribas del Sil de Yuso y de Suso, a los que en 1225 había dado fuero el rey Alfonso IX. En manos de esta familia, la de los condes de Luna, permanecerá hasta el fin del Antiguo Régimen. La parte meridional del valle, Toreno y sus lugares, seguirán en manos de la iglesia de Astorga hasta 1582. (2)
A principios del siglo VIII y todavía en vida del último rey godo, don Rodrigo, habitaba el palacio de esta villa el intrépido caballero don Lope González. Estamos en el año 720, segundo del reinado de Pelayo y en época de reconquista nos encontramos con el avance de los moros hacia los montes de Oviedo y Galicia, y del intento de penetración por muchas partes a la vez, con el mayor contingente hacia la cueva de Useña. Y la historia prosigue:
“Otros fueron a la provincia del Vierzo, donde hallaron el río que llaman el Sil, poderoso, el qual tiene algunos puentes hechos de cal y canto. Dizen ser obras de Hércules, donde hallaron en algunos de ellas, para el paso, resistenzia de los cristianos que allí habitaban naturales, entre los quales una de ellas fue la villa de Toreno, donde vinieron cantidad de moros para ganarla y poder pasar por aquel valle a Arvás y a Asturias. Y los de aquel lugar, ques zerca del río, -donde havia una torre y havia cuerpo de jentes-, tenían su reparo y guardia al cavo del puente, por donde havían de venir los moros. Y una madrugada, anttes del día, llegaron. Y en esto, los cristianos, repentinamente, con tanto alarido, desampararon el rastrillo y bolvieron corriendo a la torre, donde uno de los que allí esttavan quedó solo, con gran animo y esfuerzo, con un venablo en la mano y dando grandes vozes, a las quales desampararon, diziendo: “¡vuelta vuelta....¡” Los cuales, de vergüenza bolvieron y defendieron el puentte y todo aquel paso, por donde los moros por allí no pudieron pasar ni entrar, Y fueron el río abajo azia Galicia, hastta el valle de Boizas, donde se les hizo de otros valerosos christianos resistenzia, de manera que no hizieron nada.”
Savido por el rey, le dio a estte esforzado cavallero de Toreno por armas la dicha torre y puentte y 33 estrellas de oro en campo azul, y unas como esttacas verdes de punttas sangrienteas, que se defendieron con ellas. Y quedóles aquella letra “Vuelta Vuelta”, al revés. Y también los descendientes de aquel hidalgo hastta oi conservan por sobrenombre estta palabra –Buelta”.(3)
Esta hazaña, por energías que demostró don Lope para que sus hombres diesen aquella vuelta, le valió el sobrenombre de “Buelta”, reconocido por Cédula Real, y que a partir de entonces llevaron todos sus herederos.
La batalla propiamente dicha, algunos la ubican en el lugar conocido como la “Matanza”, lugar situado entre el actual Alinos y Matarrosa, hoy linares de esta segunda, pero ateniéndonos al puente y la torre, eso era Toreno. Conocemos que en 1086 existía en el paraje conocido hoy como “Castillo Formoso”, un castillo perteneciente al gran noble berciano Monio Muñiz, marido de Velasquita y padre de Jimena Muñiz (+1128), concubina de Alfonso VI enterrada en el monasterio de San Andrés de Vega de Espinareda. A su lado norte cercano nació “El Barrio”, cuya ermita de San Andrés con dos asentamientos sucesivos, alcanzó las postrimerías del siglo XIX y no muy lejos de aquí en dos altozanos en el terreno, bien situados estratégicamente, estaban “La Forca”, a la derecha, y “El Rollo a la izquierda. Este Rollo ó Picota, hoy da nombre a la calle en la que fue su primer asentamiento, siendo trasladada a la Plaza Mayor a principios el siglo XVI.